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EPI caducado: cómo saber cuándo hay que tirar un casco, un arnés o unas gafas
Un EPI no avisa cuando deja de proteger. El casco sigue pareciendo un casco y el arnés sigue pareciendo un arnés. Por eso hay que saber dónde mirar y cuándo retirarlos, aunque parezcan buenos.
En cualquier obra o taller hay un cajón o una estantería con equipos de protección que llevan ahí más tiempo del que nadie recuerda. Cascos que han pasado varios veranos en la bandeja de la furgoneta, un arnés que se usó una vez y se guardó hecho una bola, gafas tan rayadas que se trabaja mejor sin ellas. El problema no es que estén viejos: es que nadie sabe si todavía protegen.
Hay tres ideas que valen para cualquier EPI. La primera: la vida útil la marca el fabricante en el folleto de instrucciones, no la intuición de quien lo usa. La segunda: un equipo que ha hecho su trabajo, que ha parado un golpe o una caída, ha terminado su vida aunque por fuera parezca intacto. Y la tercera: la revisión antes de cada uso no la sustituye nada. Veamos cómo se aplica a los tres equipos que más dudas generan.
El casco: fecha, sol y golpes
Casi todos los cascos de obra llevan la fecha de fabricación marcada en el propio casco, normalmente por dentro del casquete, a veces con un pequeño reloj grabado en el plástico que indica mes y año. Con esa fecha y lo que diga el folleto del fabricante sobre su vida útil, ya sabes si ese casco sigue dentro de su vida útil. Si el casco no tiene marcas legibles o no hay manera de saber su edad, lo sensato es retirarlo.
Pero la fecha es solo una parte. El plástico del casquete se degrada con el sol y el calor: un casco que vive en el salpicadero o al sol en la obra envejece mucho más rápido que uno guardado a la sombra. Las señales de que el material está cansado son claras si se miran: el color se apaga o blanquea, la superficie se vuelve áspera o polvorienta, aparecen pequeñas grietas, sobre todo alrededor de los anclajes del arnés interior. Un casco así se tira, diga lo que diga la fecha.
Y el caso que más se discute: el casco que se ha llevado un golpe fuerte o una caída desde altura. Aunque no tenga ni una marca, su capacidad de absorber el siguiente golpe puede haberse gastado en el primero. Se retira. También se retira el casco al que se le han hecho agujeros, se le han pegado cosas con disolventes o se ha pintado, porque eso puede atacar el plástico.
El arnés interior y el barboquejo se gastan antes que el casquete: cintas deshilachadas, plástico partido, ajuste que ya no sujeta. Muchos modelos tienen recambio y se puede cambiar solo esa parte.
El arnés anticaídas: aquí no hay término medio
Con los equipos anticaídas no se juega a ver si aguantan. La regla más clara de todas: un arnés, un cabo o un absorbedor que ha detenido una caída se retira del uso inmediatamente. Muchos absorbedores y cabos llevan un indicador de caída, una costura o una etiqueta que se rompe o se despliega cuando han trabajado. Si el indicador está activado, ese equipo ha terminado.
Antes de cada uso, el propio trabajador debería revisar el equipo con las manos, no solo con la vista. En las cintas: cortes, deshilachados, zonas brillantes o endurecidas por roce, quemaduras de chispas o de soldadura, manchas de productos químicos. En las costuras: hilos rotos o sueltos. En las hebillas y mosquetones: deformaciones, óxido, cierres que no vuelven solos a su sitio. Cualquiera de esas señales es motivo para apartarlo.
Además de esa revisión diaria, el fabricante indica en las instrucciones una revisión periódica que tiene que hacer una persona competente, y la vida útil máxima del equipo. Conviene tener cada arnés identificado y anotar sus revisiones: si nadie sabe cuántos años tiene un arnés ni cuándo se revisó por última vez, la respuesta práctica es la misma que con el casco sin fecha.
Y un detalle que se olvida: cómo se guarda. Un arnés tirado en la caja de la furgoneta junto a herramientas con aristas, aceite o baterías envejece mal. Seco, colgado, lejos del sol y de productos químicos, dura lo que tiene que durar.
Las gafas: si no ves bien, no protegen
Con las gafas de protección el criterio es más sencillo, pero se incumple más. Unas gafas rayadas no son solo incómodas: obligan a forzar la vista, se empañan más, y al final el trabajador se las sube a la frente justo cuando más falta hacen. Unas gafas que no se llevan puestas no protegen de nada.
Se cambian cuando los oculares están rayados o picados de proyecciones hasta el punto de molestar para ver, cuando la montura está agrietada o deformada, cuando las patillas o la goma ya no sujetan y las gafas se mueven, o cuando han recibido un impacto fuerte. En las gafas panorámicas, la goma y la espuma de ajuste se endurecen con el tiempo y dejan de cerrar: si ya no sellan, han perdido buena parte de su función.
Y conviene no mezclar usos. Unas gafas pensadas para proyecciones de partículas no son las adecuadas para salpicaduras químicas o para soldadura. El tipo de protección lo decide quien conoce el puesto de trabajo, normalmente el responsable de prevención, y lo que hay que asegurar es que cada uno tenga las que le corresponden y en buen estado.
Cómo organizarlo para no depender de la memoria
Lo que funciona en los talleres y obras bien llevados es poco y sencillo. Una lista de los equipos que hay, con su fecha de fabricación o de entrada. Una revisión rápida cada cierto tiempo de todo lo que está en el cajón, apartando lo que no pasa. Y la costumbre de que quien detecta un equipo dañado lo retire y avise, en lugar de dejarlo otra vez en su sitio.
Cuando retires un equipo, inutilízalo: corta las cintas del arnés o marca el casco de forma visible. Un EPI retirado que vuelve al cajón acaba en la cabeza de alguien que no sabía que estaba retirado.
La lista corta
- Casco: fecha de fabricación y vida útil según el fabricante; fuera si está descolorido, agrietado o ha recibido un golpe fuerte.
- Arnés, cabos y absorbedores: fuera tras cualquier caída o si el indicador está activado; revisión antes de cada uso y revisión periódica según el fabricante.
- Gafas: fuera si no se ve bien a través de ellas, si la montura está dañada o si ya no ajustan.
- Todo EPI sin fecha ni historial conocido: fuera.
- Lo retirado, inutilizado para que no vuelva al cajón.
Cambiar un casco o unas gafas cuesta poco comparado con lo que protegen. Si tienes que renovar equipos, mándanos la lista con lo que necesitas y el tipo de protección que te ha indicado tu responsable de prevención, y te preparamos el presupuesto; el plazo se confirma en el presupuesto.
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